Propósitos azules

El jardín de Xuyuan

Shen es un hombre menudo, recto de espíritu y optimista. Hace unos años partió de Quanjiao hacia la vecina metrópoli de Nanjing en busca del sol pero en la gigantesca urbe los desafiantes edificios y la omnipresente contaminación no dan tregua a la luz. Shen vive una permanente existencia gris muy a su pesar.

Akame siempre ha vivido en esta ciudad. Su familia posee un pequeño negocio que regentan hace incontables generaciones. Ella es grácil y de modales pulcros, sonríe con el entusiasmo de su juventud pero hay acíbar en sus ojos.

La primavera alcanza Nanjing a través del jardín de Xuyuan, junto al lago en torno al cual todo el parque gira. Akame pasea cada tarde cerca de la orilla. En su lento deambular, su figura parece evitar el agua cuando ésta le devuelve su reflejo. Cerca de allí, el cálido movimiento de un grupo de Tai-Chi-Chuan constituye el particular indicio de que la noche se avecina. Para Shen es un momento de paz interior, sólo alterada al apercibir la presencia en la distancia de Akame. Sus miradas se cruzan con esa intención fugaz e inocente que sólo existe en antiguos relatos, originando un cataclismo en sus corazones.

Shen recoge su mochila y sorteando un arbusto que nunca antes estuvo allí, se dirige al encuentro de aquellos lánguidos ojos con la celeridad que sólo el entusiasmo proporciona. Akame, aún sonrojada, guarda discretamente su pena, y se prepara para el inminente encuentro. Cuando finalmente Shen llega a su lado, su alma ilumina el parque y, extendiendo sus brazos, le ofrece una flor de loto. Ella acepta el presente, lo toma con delicadeza mientras su corazón inicia una carrera desenfrenada contra su voluntad.

Los últimos rayos de sol sobre el lago de Xuyuan iluminan el emocionado fluido que brota desde el interior de Akame. Con quietud, Shen, aprehende su terciopelo y la conduce a través de los árboles a la tierra donde nacen las flores de loto.

Constelaciones

En el aire se adivina la noche. El silencio de la penumbra sólo es interrumpido por el pulular de nuestras palpitaciones. Bajo la ingente masa estelar uno se siente frágil. Apunto el índice hacia el infinito y juego a trazar las constelaciones. ¿Dónde está Orión?, preguntas mientras observas cómo mi dedo dibuja la silueta de la Osa Mayor. A tu espalda, contesto, abril entra en su recta final y pronto dejaremos de verla.

Un sentimiento perpetuo

Se marcha con discreción, sin queja, con sufrimiento, sin despedidas.

Subitamente toda una trabazón construida con ternura y mimo, desaparece. ¿Un delirio fugaz? En cualquier momento puede regresar, no resulta extraño, cada día es más complicado anticipar su vuelta.
Suena egoísta pero hubieras deseado que te esperase, mejor aún, embarcaros juntos en ese viaje. Hay una impronta en cada objeto de la casa, un esfuerzo en cada rincón, una ilusión en cada proyecto y ahora sólo uno podrá completar el sueño.

Ya no sirven palabras, es otra la manera para hacerte escuchar, desde la soledad se percibe mejor su presencia, desde el interior se aprecia mejor su alma.

Deja la miel de sus labios, el espíritu de su vida, deja el empeño en un mañana, un olvido para rencores, un abismo en el lecho y un sentimiento perpetuo.

Un inquebrantable escudo

Me gusta mirar con disimulo tu rostro cuando estás sumergida en la lectura. Un inquebrantable escudo te aísla de la realidad que sólo alcanza algún resquicio cuando intuyes que te observo. No seas bobo, espetas simulando un enfado, intento concentrarme. No puedo evitarlo, me defiendo, resulta delicioso ver cómo los sentimientos se reflejan en tu semblante. En un instante una minúscula almohada cambia el refugio de tu espalda por la incertidumbre de un vuelo sin destino claro.

Siempre hay esperanza ( 19J )

Tras haber sufrido no pocos ataques, directos e indirectos, desde los medios de todo color y signo político, la llamada #spanishrevolution o movimiento 15M se hace de nuevo a la calle para reivindicar su manifiesto por una democracia real y contra el pacto del euro.

La manifestación más emblemática, la que todos esperábamos con tremenda expectación, ha sido sin duda alguna la de Barcelona, por los acontecimientos sucedidos en las últimas semanas y que dieron comienzo con la carga policial en plaça Catalunya, los cuales ya merecieron un comentario en este blog. Pues bien, una vez más los habitantes de Barcelona han dado una lección magistral a sus políticos, los mismos que unos días atrás les criticaban con una dureza carente de toda piedad.

A lo largo y ancho de todo el país se han sucedido las concentraciones en un ambiente lúdico y reivindicativo. No importaba tanto el cuánto como el porqué de estar allí. En ellas hemos podido contemplar gente de toda edad, condición y procedencia; padres por sus hijos, abuelos por sus nietos, jóvenes por su futuro y bebés que tomaban contacto con el mundo a través de una protesta que, de una forma u otra, nos ha llevado a las calles para que no tengan que volver a hacerlo ellos.

Nada me parece más emocionante que comprobar que la comunidad a la que perteneces está viva y no desea ser tratada como una ingente masa descerebrada. Hoy la calle ha vibrado con nuestro espíritu, sentados en el asfalto, éste palpitaba al ritmo de nuestros corazones. En este soleado día del final de la primavera, hemos sido un poco más conscientes que nuestro futuro nos pertenece, que tenemos fuerza y ganas de cambiarlo, y que de forma pacífica es posible alcanzar cualquier meta que nos propongamos.

Get up, stand up: stand up for your rights! (Bob Marley)

El néctar de tus labios

Con cariñosa premura me sientas junto al hogar y me anticipas un sorbo del néctar de tus labios. ¿Te hablé de mi adicción a él?, la partida es siempre el cronómetro que marca el tiempo hasta volver a encontrarnos. Tu singular acento convierte en música cada palabra que tu boca pronuncia. He tomado prestado de tu almohada parte de tu sueño, dijiste, aquel que compartiste conmigo. ¿Eramos felices?, pregunté, no había lugar para otro deseo, contestaste con rotundidad mientras nuestras manos anulaban distancias.

Che gelida manina

Una vez concluido el relato anterior con la soberbia aria Che gelida manina, perteneciente a la fantástica ópera de Puccini “La Bohème“, basada en el libro de Henri Murger de título Scènes de la vie de Bohème, uno queda con la sensación de que la obra tiene sentido cuando puedes entender lo recitado y ver a los personajes.

Unas pinceladas acerca del contexto: la historia inicia en París. Allí, cuatro amigos bohemios, Colline, Schaunard, Marcello y Rodolfo, comparten una buhardilla que a duras penas consiguen pagar. En el primer acto, Colline, Marcello y Schaunard se disponen a disfrutar de un dinero que este último acaba de conseguir. Rodolfo, sin embargo, decide quedarse. Una vez solo, alguien llama a la puerta. Se trata de Mimi, una joven costurera que habita en la misma pensión, que le pide ayuda para encender su vela. Segundos después, ella vuelve porque ha olvidado su llave. En ese momento, ambas velas se apagan por lo que deben buscarla a oscuras, situación que facilita el acercamiento de la mano de él con la de ella, encuentro propiciado por Rodolfo quien, a estas alturas, ya se ha enamorado de Mimi.

He traído la versión de Roberto Alagna que, en mi opinión es muy buena. Ojalá la disfrutéis tanto como yo y espero que os lleve a escuchar la respuesta de ella: Si, mi chiamano Mimi.

Éxtasis armónico

El fulgor de las candelas rompe la penumbra que esconde el pergamino a mis extenuadas pupilas. Busco incansable una nota perdida entre fusas y corcheas. Hurgo en mi mente, que la ubicó entre violonchelos hace tan solo unos minutos, cuando el violín solista reclamaba su liderato. Una clave de sol se desliza bajo la mesa rebosante de pentagramas; con ella sueñan clarinetes, fagots y oboes. Súbitamente un fa sostenido viene al encuentro de las cuerdas a la vez que inicia su entrada el viento metal. Me sumerjo en el júbilo que dictamino con imaginaria batuta ut queant resonare al tiempo. Y en un inesperado éxtasis armónico, Terpsícore introduce la percusión al conjunto en una apoteosis laxis fibris.

Los pétalos de las amapolas

El roce del aire en los pétalos de las amapolas me devuelve a la realidad. Ensimismado en la bella postal de un antiguo faro cuya linterna guió nuestro rumbo, no acierto a calzarme. La improvisada almohada de hierba presta el impulso que necesito y alcanzo el camino que con apasionado brío inicié . Un delicioso ramillete de sutiles deseos acompaña mi regreso. Tan frágil que precisa cuidados, tan sólido que nada quiebra su raíz.