Jara blanca

Jara blanca

Un inesperado viento, unas inoportunas gotas de lluvia, harán caer los delicados pétalos de las jaras blancas al suelo.

Estas esporádicas flores, que durante unas breves semanas de primavera pueblan la sierra de Cartagena, saludan al caminante primaveral desde su efímera existencia.

Las tortugas también vuelan

A veces ocurre que va uno al cine y la sala está vacía, pero cuando esto ocurre un sábado por la tarde con una obra maestra, la cosa empieza a ser preocupante. Me ha ocurrido con la película ganadora de la Concha de Oro en el último Festival de Cine de San Sebastián: “Las tortugas también vuelan”, del director kurdo-iraní Bahman Ghobadi.

Los habitantes de un campo de refugiados kurdos en la frontera entre Irán y Turquía son los protagonistas. Buscan desesperadamente una antena parabólica para enterarse de las noticias internacionales ante la inminente guerra que se avecina. Pero son los niños los que llevan el peso absoluto de esta historia brutal, niños marcados por la guerra, mutilados, huérfanos, desarraigados, convertidos en adultos pese a su temprana edad y obligados a sobrevivir en unas condiciones durísimas.

Bahman Ghobadi contó con protagonistas reales para su película. Niños que vivieron el horror, algunos mutilados realmente, representando sus propias experiencias en una actuación deslumbrante, lo cual hace más duro si cabe este alegato antibelicista. Pero “Las tortugas también vuelan” no es una película bélica, sino humana, que muestra la vida diaria de estos niños, sus sentimientos, su sufrimiento, su día a día recogiendo minas antipersona y vendiéndolas en el mercado clandestino.

Quienes esperen un alegato antiamericano saldrán decepcionados, pues Ghobadi refleja principalmente el momento inminente a la invasión y las brutalidades cometidas por Saddam Hussein en el Kurdistán Iraquí.

Declaraciones del director:

Saddam en un criminal de guerra. Hacer un inventario de sus crueldades llevará años, si es que alguna vez puede completarse. Yo me alegro de que esté encarcelado y espero que tenga un juicio justo. Esta opinión no significa ni mucho menos que haya apoyado la guerra. Había otras formas de sacarlo del poder. Mi intención fundamental era hacer un alegato contra la violencia. No solo sobre sus consecuencias directas, sino también sobre las secuelas que permanecen años después de que se haya producido.

En la película todos los personajes buscan información vía satélite sobre la guerra que se avecina, aunque no entiendan el idioma y las imágenes mostradas en la televisión vayan en contra de sus creencias, pero finalmente la información les llega a través de las predicciones del niño mutilado. Esto se debe a que, en mi opinión, las cadenas de televisión pertenecen a grupos de intereses que consideran a los ciudadanos del mundo como simples figurantes. Ellos, con sus cadenas y sus guerras, nos usan como juguetes y nos imponen su guerra sucia para ganar más dinero. Dada la situación en que se encuentra nuestra región y sus repercusiones en el mundo entero, yo pongo en duda cualquier forma de información, ¡incluso la prensa escrita!

La parte más difícil fue trabajar con niños. Psicológicamente era muy duro porque estaban obligados a revivir en la ficción las calamidades que han sufrido. Tuvimos momentos muy complicados, en los que incluso me planteaba hasta qué punto era justo lo que estaba haciendo. Pero ellos comprendían que era necesario que el mundo viera por lo que habían pasado. Al final, éramos como una gran familia. Me siento muy unido y agradecido a todos.

Por mi parte, recomendaros fervientemente esta absoluta obra maestra que recibió de forma unánime el galardón en San Sebastián. No es para menos. La película no es fácil de ver. El nudo en el estómago que se le queda a uno al final es muy difícil de desatar, pero hay que hacer un esfuerzo. No olvidemos que cosas así ocurren actualmente en la mayor parte del planeta, y que nuestro estado del bienestar no es más que una pequeña isla tecnológica que nos mantiene ciegos y entretenidos, pero no es la realidad.

El impacto sobre la sensibilidad es demoledor. Sé que me será muy difícil olvidar la inmensa ternura, compañerismo y humanidad de estos niños en el epicentro del infierno.

LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN
(Lakposhtha hâm parvaz mikonand)

Irán – Irak – Francia, 2004 | 95 min.
Dirección y guión: Bahman Ghobadi
Más información: Web oficial | Ficha en IMDb

Un paseo por Calblanque (y 4)

La lucha geológica del Mediterráneo con las arenas calcificadas, diseñó en la paciencia del tiempo una arquitectura natural de gran belleza repleta de vida ancestral convertida en piedra, caparazones de tortuga, fósiles de estrellas de mar, dinosaurios,… La imaginación se desborda en este lugar al observar las formas creadas con el paso de los siglos, especialmente en las zonas más cercanas a la costa. Es increíble apreciar cómo se puede unir la imaginación natural, la arena, los animales marinos y un poco de carbonato cálcico para obtener semejante resultado. Las plantas rupícolas que aquí habitan se han acostumbrado a sobrevivir a las duras condiciones derivadas de un viento cargado de partículas de sal.

Abiertos a las sorpresas que este lugar nos quiera seguir ofreciendo, encontramos los bufaderos. Hoy es fuerte el oleaje, así que estos agujeros en la duna fósil disparan agua salada en vertical, gracias a la impresionante fuerza del mar y a sus efectos en la duna fósil. Se siente el aire salado penetrar en los pulmones y la suave caricia embriagadora de la brisa en la piel.

Ya no sabemos si continuar la marcha o quedarnos aquí para siempre, aún sabiendo que eso sería materialmente imposible. Decidimos terminar la mañana en las dunas móviles de la playa, tumbando nuestros cuerpos al sol. Quizás nos hemos dormido y todo ha sido un sueño, quizás es ahora que nos adormilamos en estas mágicas arenas. El sueño es posible. Sólo hay que dejarse llevar por el embrujo de Calblanque para comprobarlo.

Lo que queda del día

Ayer por la tarde di un paseo hasta la orilla del Mar Menor y me quedé allí sentado durante casi una hora. El fuerte brillo del sol cegó mis ojos, que lo miraban embrujados como si de un irresistible tesoro se tratase. Después vino la oscuridad total pero ya no me importó, porque una sonrisa de color dorado me acompañaba susurrándome al oído: no te rindas, no te rindas…

Un paseo por Calblanque (3)

Saliendo de la rambla de Cobaticas, la brisa marina y el olor a sal se hacen evidentes. Nos subimos a un promontorio para mejorar la perspectiva que se abre ante nosotros y observamos los rasgos más característicos del amplio y variado paisaje en torno a las Salinas del Rasall, allá al fondo, que a modo de espejo bien parecen un oasis en la distancia precedido por el saladar y los abandonados bancales, que antaño fueron soporte de la agricultura de quienes por aquí habitaron hasta hace poco más de 50 años. También avistamos desde este punto las ruinas de una antigua casa cúbica, siendo testigos de cómo construir una vivienda con los materiales que la naturaleza a nuestro alrededor nos quiera ofrecer.

Nos ponemos en la piel de estas gentes y de sus actividades: cultivos de secano, apicultura, pastoreo, minería, caza, pesca, extracción de sal,… Las posibilidades de vivir en conjunción con el medio se hacen patentes. Es media mañana y decidimos dar cuenta del esperado almuerzo que nos permita continuar la marcha con fuerzas suficientes para todo lo que aún nos aguarda.

Dejando a nuestra izquierda esos antiguos cultivos, hoy eriales, nos adentramos en una zona donde cambia el sustrato del suelo y la vegetación, el saladar, donde comprobamos por nosotros mismos las diferentes adaptaciones de la flora a las extremas condiciones derivadas del exceso de sal, llegando finalmente a las salinas. Son estas un ejemplo de la transformación de un humedal para favorecer la explotación de sal, valorándolo como ejemplo de la intervención positiva del hombre en la naturaleza, al crear un ambiente que enriquece enormemente el entorno. Pensamos en la necesidad de mantenerlas, así como en las nefastas consecuencias derivadas del abandono de este tipo de ecosistemas, pero no desfallecemos y proseguimos la marcha en dirección, ahora sí, al mar, acercándonos a las dunas fósiles.

Hierro 3 (Bin-jip)

Cartel del film Este fin de semana he visto en unos multicines una obra maestra escondida entre películas basura (suele pasar en este tipo de salas). La larga cola para sacar las entradas me hizo pensar que quizás iba a ver una película más conocida de lo que yo pensaba en un principio, pero no fue así. Sábado por la noche, no más de diez personas en la sala de multicine, mientras las salas anexas rebosaban público. ¿Por qué será que esto me lleva a pensar que me enfrento a una gran película, incluso antes de que empiece?

No me equivoqué en mi elección. La película “Hierro 3” del director coreano Kim Ki-duk, del que ya había visto hace unos meses una auténtica delicia llamada “Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera”, es una maravilla de las pocas que se estrenan en nuestras carteleras.

Kim Ki-duk es un director autodidacta (cualidad que le honra, a mi entender), estudiante de arte en París y autor de nueve películas de las cuales sólo tres se han estrenado oficialmente en España, hasta el momento. “Hierro 3” es su última creación, una historia sobre la comunicación humana y el silencio en la que su protagonista principal (Tae-suk) no dice ni una sola palabra en los 95 minutos de metraje.

Fotograma Tae-suk lleva una vida espectral. Subido en su moto recorre las casas de la ciudad pegando publicidad sobre sus cerraduras. Esto le permite saber cuáles están habitadas y cuáles no, de manera que se dedica a entrar en aquellas en las que sus anfitriones están ausentes, pero no para robar o causar daños. En realidad es como un fantasma que se cuela sin hacer ruido y ocupa las camas, arregla cualquier desperfecto de la vivienda, se hace una foto ante el retrato de los inquilinos en cuestión, todo ello sin dejar rastro, como un ser entre lo humano y lo fantasmal que no hace ruido y, es más, casi diríamos que posee el don de la invisibilidad.

Tae-suk conduce una gran moto que nos lleva a pensar que sus actos no están guiados por motivos económicos, sino que tienen mucho más que ver con el hecho de despojarse de toda propiedad material, lo que llama poderosamente nuestra atención y nos lleva a preguntarnos: ¿cómo se puede vivir sin poseer bienes materiales, sin la seguridad de una vida “normal”, sin mediar una sola palabra con el mundo real? Además, Tae-suk sabe perfectamente lo que es el respeto, y en sus incursiones en las viviendas temporalmente deshabitadas trata con mimo todos los objetos que encuentra, incluso repara cualquier desperfecto que muestren.

Fotograma En una de sus incursiones, Tae-suk entra en una casa rica y ostentosa creyéndola vacía, pero en su interior encuentra un alma solitaria y silenciosa como la suya, una mujer que le observa realizar su ritual en silencio sin interferir. Sun-hwa, que así se llama ella, fue antaño una guapa modelo que ahora vive encerrada en esta lujosa casa, humillada, anulada y maltratada por su despótico marido. Necesita que alguien la rescate antes de que sea demasiado tarde, y Tae-suk lo hará, pero de una forma que nos deja boquiabiertos y maravillados. No cruzan una sola palabra entre ellos, pero se entienden a la perfección.

A partir de ese momento, Kim Ki-duk desarrolla una historia exenta de artificios narrativos pero de una intensa carga poética, casi mágica. El corazón de Tae-suk (que antes era una casa vacía) está ahora a rebosar de amor, con una energía hasta ahora desconocida. Esta apertura de su alma y la invitación a que alguien la ocupe, eliminará su necesidad de ocupar casas vacías, y solo a través de la conjunción con la persona con la que comparte tal hechizo, encontrará la verdadera libertad. Maravillosa lectura del amor la que nos regalan en silencio los dos protagonistas.

Fotograma “Hierro 3” elabora un profundo análisis de la sociedad moderna, de la necesidad que todos tenemos de saber que no estamos solos, con una riqueza en contenidos que nos son servidos de una manera sutil y muy inteligente por su director. Una película minoritaria, solamente recomendable para quienes estén dispuestos a perderse en su visión poética del mundo y reflexionar sobre los mensajes que desprende, claramente influenciados por la filosofía Zen.

Quiero terminar este artículo mostrando los comentarios del director Kim Ki-duk en torno a su película. Por mi parte, recomendarla como una de esas extrañas obras de arte a la que hay que mimar y que, con el paso del tiempo, ganará en fuerza y profundidad. La sabiduría de los maestros Zen, servida en pantalla grande.

Comentarios del director Kim Ki-duk © 2004 Alta Films

«La idea se me ocurrió en octubre del año pasado. Estaba quitando un folleto que estaba pegado en la cerradura de la puerta de mi casa cuando de pronto se me ocurrió que todas las casas que tenían esa publicidad intacta durante varios días debían de estar vacías. La imagen de una casa vacía en la que no entra nadie me llevó a la historia de una persona muy solitaria, aislada de los demás, y decidí hacer una película acerca de un hombre que entra en ella y colma ese vacío con calidez.

El título internacional de esta película es HIERRO 3. La gente que juega al golf sabe que hierro 3 es el palo menos usado. Imaginémonos un hierro 3 en una cara bolsa de golf de piel, pero que se usa muy pocas veces, con otra imagen en paralelo, la de una persona abandonada o la de una casa vacía. Al mismo tiempo, Tae-suk utiliza un hierro 3 como herramienta para rescatar a Sun-hwa, y eso también significa un cambio lleno de esperanza.»

La casa vacía

«Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí…

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale nunca y que llora.
Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.

Mientras elegimos una casa en que vivir, nos sentimos cada vez más libres.
En el momento en que parece que nuestra sed de libertad se ha aplacado, nos quedamos atrapados en una casa oscura.
Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia.
El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el mundo de la nostalgia.

Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía.
Ahora me siento libre de ir a la casa en la que vive mi amada y besarla.
Nadie sabe que estoy allí.
Excepto la persona que me espera…
Siempre llega alguien para la persona que espera… Llega, seguro… hasta para la persona que espera…

Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta y me liberará.
Confiaré ciegamente en esa persona y la seguiré a donde sea sin que me importe lo que pueda suceder…
Hacia un nuevo destino…

Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad.»

Agosto de 2004, Kim Ki-duk en una casa vacía

Mi puntuación:
HIERRO 3 (Bin-jip)
Corea del Sur, 2004 | 95 min.
Dirección: Kim Ki-duk
Más información: Web oficial | Ficha en IMDb

Un paseo por Calblanque (2)

Estamos entrando al parque regional de Calblanque, un espacio natural protegido en la franja costera entre Cartagena y el cabo de Palos. Si os place, seguimos con el paseo por esta tierra mágica, en busca del mar.

El camino que nos trae desde Los Belones es ya un anuncio de lo que vamos a encontrar. Ha florecido la albaida y un suave manto amarillo recubre las suaves pendientes de los montes, salpicado por el violeta de la lavanda o el tomillo. Si algo destaca desde el primer momento es la amalgama de tonalidades a nuestro alrededor, esa planta gris invernal que ahora explota su brillo ante nuestros ojos.

Dejamos atrás la presión urbanística del Mar Menor y La Manga, dirigiéndonos hacia el sur. Los montes litorales, antesala de cultivos y altas fronteras para un mar que se anuncia con la brisa, nos rodean mostrándonos el largo y complejo proceso geológico que han sufrido hasta convertirse en las formaciones que ahora contemplamos y que antaño estuvieron cubiertas por el agua marina. Altas calizas y bajas pizarras son ya una evidencia de la espectacular geomorfología que nos aguarda. Es el pino carrasco, principal exponente del bosque mediterráneo, su morador más numeroso en cuanto a árboles, aunque nuestra vista no puede evitar fijarse en los alegres palmitos que por doquier se distribuyen por el terreno, o el esparto, especie tan valorada por nuestros abuelos para fabricar todo tipo de utensilios que les hicieran la vida más sencilla.

Bajando por el serpenteante camino observamos las casas de Cobaticas, villa fundida en el paisaje por lo ancestral de su historia más que por sus construcciones en sí mismas. Es aquí donde oteamos el mar al fondo y se dispara nuestro impulso de seguir adelante atendiendo a su influjo magnético. Es precisamente la rambla de Cobaticas, convertida en camino por la insistencia de los automóviles, la que tomamos en nuestro paseo girando hacia la izquierda. Nos sorprenden las numerosas plantas aromáticas que pueblan sus márgenes y embriagan nuestro olfato con el suave aroma del tomillo, el romero, la lavanda o la artemisa. También los antiguos pobladores de la zona supieron aprovechar sus cualidades elaborando con ellas aceites y perfumes. Nuestra algarabía se despierta y nos perdemos entre tantos árboles diferentes, ancestrales pobladores del parque que nos muestran aquí su descendencia y reconfortan nuestra esperanza al seguir contemplándolos hoy en día.

Ensayo sobre la ceguera (José Saramago, 1995)

José Saramago

Decía Mario Benedetti que “un pesimista es un optimista bien informado”, y algo de razón tenía. En realidad, los seres humanos disponemos de un sistema de defensa ante el mundo que nos hace poder desconectar de todas sus miserias y negatividades. Afortunados los que pueden hacer uso de esta coraza y seguir sonriendo cuando todo a su alrededor se cae a pedazos. ¿Quién en sus plenas facultades de consciencia apostaría lo más mínimo por este sistema en que vivimos dentro de cincuenta años? Y digo cincuenta por utilizar el número que José Saramago, el genial nobel de literatura portugués, utilizó para decir algo así como que no daría nada por este mundo en apenas esos pocos años. ¿Catastrofista o realista? ¿Negativo o consciente? ¿Qué está pasando a nuestro alrededor? ¿Estamos todos ciegos?

Ensayo sobre la ceguera es una novela de Saramago que plantea esta situación y la lleva a extremos. Una ceguera colectiva que se contagia por la mera presencia, de modo que toda la humanidad, afectada de esta grave enfermedad, va perdiendo la visión paulatinamente hasta que se desata el caos más absoluto. Y la pregunta es: ¿qué ocurriría si en medio de esta catástrofe, una sóla persona mantuviese la capacidad de “ver”?

¿Qué sentiría? ¿Podría mantener alto su estado de ánimo? ¿Podría hacer algo por el mundo o, por el contrario, se abandonaría al sueño eterno de sus semejantes? ¿Sería capaz de soportar las bajezas humanas que tal enfermedad del alma provocaría a su alrededor? Y lo más importante, ¿cual sería su grado de responsabilidad como persona que “ve” entre tantos ciegos?

Ensayo sobre la ceguera
Ensayo sobre la ceguera

Recomiendo fervientemente a este gran escritor para formularnos todas estas preguntas y muchísimas más. Sin embargo, advierto: pese a que la novela se lee impulsivamente, pese a que el argumento es increíblemente entretenido y ameno, pese a su magistral control de la acción literaria, la conclusión no es positiva. No busques un “final feliz” porque no viene al caso.

Si estás dispuesto a renunciar a las falsas bondades de este mundo y a abrir los ojos, José Saramago te ayudará más que muchos medios de comunicación que lo pretenden consiguiendo justamente lo contrario. No importa tanto que en tal o cuál sitio la situación esté mal. Lo preocupante es que en todo el mundo se está extendiendo un virus incontrolable que no sabemos dónde desembocará. ¿Ceguera colectiva, egoísmo desatado, falta de objetividad, egocentrismo como erróneo medio de supervivencia?

José Saramago:
Ensayo sobre la ceguera

Ediciones Alfaguara S.A. – Grupo Santillana
Madrid, 2003