El alféizar de mi ventana

Sellados tus labios,
en vanos intentos
de ser tus palabras,
inundando la distancia
que separa ansias
con tupidos silencios,
buscando sentidos
donde solo hay desiertos
y esfuerzos baldíos,
dibujando rimas
de espíritu impregnadas
en veladas eternas,
entre fluidos ríos
y difíciles verbos.

Como si mis manos pudieran tocar tu estrella
con ojos cerrados y mente abierta,
como si nada significara tu ausencia
perdida en reflejos de memoria incierta,
como si mi cauce una brecha abriera
en aquellas tus sólidas fronteras,
como si los números fueran primavera
anunciando esperanzas venideras
o veranos de sol, miel y estrellas,
soñadas en palabras eternas.

El discurso de tu tiempo
detiene su rumbo en mis labios,
alcanza soñados cielos,
dibuja en tu boca geranios,
escapa entre tus dedos,
mágico quinario.
Sigo esperando con celo,
aquel divino presagio,
fuente de todo deseo,
alimento diario,
colmado de besos,
de un amor no ordinario,
augurio cierto,
de paraísos mágicos.

Abrí el cuaderno de tu sonrisa,
sin temor al tiempo ni a la prisa,
navegando entre luces distantes,
noches claras y rimas consonantes.
En el ocaso de las palabras,
solo silencios llenan la madrugada,
solo en tus brazos albergo cordura
y llego al alba sin temor ni dudas.

El tiempo, ese impío,
me separa de tu piel,
agota el caudal de mi río,
convierte el mañana en ayer,
sin haberlo vivido,
pierde mi sueño en la pared,
en (eternas) noches de frío,
deseos que creímos poseer,
ahora parecen suspiros.

Te amo entre las horas
por encima de las olas,
tu beso en un segundo
donde cabe un mundo…
Añoro el calor de tu sonrisa
soñar en ella, olvidar la prisa,
cruzar juntos la noche,
sellar tu boca con derroche.

En mi mochila, una pena
tu marcha como una condena,
viajé en la tarde sin tus besos,
sin la magia de tu deseo.
No había orillas en tu mirada,
ni luz en tus palabras,
la brisa silbaba rimas
con la complicidad de la calina,
un poema se desliza de mis dedos
construyendo un nuevo cielo

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