Manu

Me han traído carbón…

Resultaba mágico…uno les veía con toda su magnificencia en suntuosas carrozas precedidos de una corte de pajes, bufones, gnomos y duendes, quedabas extasiado, pensando que todo era posible para ellos y con una emoción no contenida, preparabas un cuidado ritual con unos zapatos en los que vertías unos pocos granos de trigo…todo ello como colofón a un arduo trabajo de corrección del comportamiento en las últimas semanas que diera como resultado ver cumplidos unos deseos que ya habíamos escrito previamente.

Esa noche era difícil conciliar el sueño, ¡quién pensaba en dormir en una noche como esa! Tantas emociones y sin embargo el tiempo transcurría con tal lentitud que en ese duermevela teníamos la impresión de haber visto unas sombras junto a la ventana…divina inocencia. Magnífico era el despertar, qué grandioso comprobar que, en su ilimitada memoria, podían recordar lo que cada uno de nosotros habíamos pedido de su magnanimidad y, aún más, tener tiempo para escribirnos pidiendo disculpas por no haber conseguido traer aquel nimio detalle que se nos había ocurrido justo en el momento de cerrar la carta…

Cuando abandonas el país de la ilusión una vez superada la edad de la magia ya no escribes misivas exponiendo tus deseos porque ellos ya no las reciben, quizás el cartero olvide entregárselas, ya no te importa abandonarte al sueño porque el amanecer no depara sorpresas, ya nadie te ha dejado unas letras explicando por qué ha roto tus ilusiones…por eso este año no he cambiado un ápice mi actitud y, lógicamente, me han traído carbón…

Por qué me gusta La Traviata…

La Traviata fue la primera ópera que escuché, la primera que me permitió acceder a las emociones humanas de una forma excelsa. Con maestría la música nos introduce en el corazón de Alfredo quien, a su vez, desvela los sentimientos que el amor de Violeta genera en su corazón. Son estos los que le hacen repetir con voz queda pero firme “dal di che disse: vivere io voglio, io voglio a te fedel, dell´universo immemore, io vivo quasi in ciel“.

Lunge da lei es sentir cómo la música inunda el espacio y acaricia los sentidos, uno puede escuchar, ver, saborear, olfatear e incluso tocar aquello que se desprende de estas notas. ese es quizás una de las experiencias más bellas que pueden vivirse…disfrutad con este fragmento.

No lo consigo

No consigo recordar si alguna vez he compartido contigo la sensación de perdurabilidad que acompañaba tu sola mención en mi corazón, sí recuerdo no obstante, haber superado ese absurdo pundonor arrastrado por una timidez que dificultaba incluso la expresión escrita de los sentimientos. Sin duda una dificultad vencida porque el cariño es la fuerza que nos moviliza hasta lo indecible y, verdaderamente, creí en la sinceridad de tu respuesta…de hecho aún lo hago y por eso te escribo. Si uno es capaz de dar forma a sus sentimientos, por qué ese abismo entre lo escrito y sus actos, por qué renunciar al regalo de la amistad leal…tú también sentiste cómo la distancia crecía entre nosotros y es triste porque el silencio llegó cuando aún había mucho por decir…

No consigo recordar si alguna vez he compartido contigo la magia de la poesía…

Guadalupe

Un momento sublime en un lugar mágico. Los pasos se pierden entre el silencio del claustro mientras mi alma juega al escondite con la paz que esos muros desprenden y me hace sentir feliz. Unos ojos nos observan desde un ventanuco cercano a la torre y siento la más humana de las comunicaciones. Intento capturar el momento, inspirar para atrapar en mis pulmones el olor místico de esas vidas que durante siglos han alcanzado la meta de su fe.

Resulta sencillo difuminarse en ese ambiente y sólo deseas la soledad como compañera, el silencio como aliado, el espíritu como guía… sólo bajo la pertinaz lluvia puedes sentir cómo el jardín pretende invadir con su aroma los más recónditos espacios del monasterio, trato de dejarme arrastrar por la avalancha de sensaciones que parecen empujarme hacia el reposo eterno de aquellos que, ya sin remedio, pretendieron encauzar sus actos.

Anochece y busco la luz que me indica la salida hacia el bullicioso mundo exterior, incluso el entorno no es capaz de librarse del poderoso influjo de esas vetustas piedras, en un no disimulado respeto la gente espera encontrarse alejada del recinto para retomar sus preocupaciones y sus cuitas… entre ellos os vi marchar hacia el sueño… y ahora sigo vuestros pasos.