Ángel

La comunicación

La comunicación está en todas partes, como una fuerza productora de vida. Ya entre los componentes biológicos y naturales. En la sociedad. En la cultura. Descubierta o inventada también por la mirada con que el hombre contempla su entorno.

La comunicación es como un prisma, otro cristal de color para ver el mundo que nos rodea y vernos a nosotros mismos.

Jorge Urrutia

Imagen y Semiótica

Roland Barthes escribió La cámara lúcida y Stuart Hall tomó de este trabajo gran parte de su aportación para explicar cómo el proceso comunicativo se convierte en sí mismo en una estructura y en signo (semiótica). Decide estudiar los procesos comunicativos atendiendo a las obras audiovisuales (foto, filme, etc.) como un signo capaz de ser leído únicamente en su forma estructural; en el caso de la fotografía, en su forma estética. En su ultimo periodo, se acerca a los medios de comunicación y a la Fotografía, dando un giro a la Teoría y Semiótica.

El Estudio Semiótico de la Imagen tiene bastantes carencias, en tanto que únicamente se detiene en su análisis formal. Para los Estudios Culturales, que también recogen esa parte de análisis formal, es importante también el contexto socio-cultural y político en el que se ha producido dicha imagen. Christian Metz, teórico anterior a Stuart Hall, escribe Essais Sémiotiques en 1977 y elabora un estudio de los movimientos y escuelas que hasta los años 50 habían existido en el cine, analizando las aportaciones estéticas de cada uno de ellos. Lo que se critica a Metz o a Barthes es que hacen un análisis exclusivamente de la imagen, sin tener en cuenta su contexto, que no entrará en el campo de estudio hasta los años 70, con los Estudios Culturales, y en la actualidad, con los Estudios Culturales de la Visualidad. Los conceptos de subcultura, ideología o hegemonía cultural quedaban hasta ahora fuera de los mensajes audiovisuales.

Otra teórica de la fotografía es Susan Sontag. Algunos de sus estudios destacados son Sobre la fotografía y Sobre el dolor ajeno. Este último analiza todos los códigos informativos y artísticos que el discurso fotográfico ha desarrollado a lo largo del siglo XX.

Artículo de Joan Fontcuberta: “Por un manifiesto posfotográfico”

Tras la lectura del artículo de Joan Fontcuberta en La Vanguardia.com resulta sencillo pensar ahora en la fotografía como un arma de difusión de imágenes de las cuales nadie está a salvo. Hoy en día, en un mundo tan sumergido en el consumo de la imagen, se puede afirmar la existencia de los ciudadano – fotógrafos, y es que a partir del momento en que ocurre algo cualquiera es capaz de tomar registro de ello en aquel mismo momento en el que sucede. Y es que en mi opinión (de acuerdo con el autor) yo también apremio antes la velocidad de conseguir la imagen de la noticia mejor que tener una buena fotografía en calidad pero con retraso (síndrome Hong Kong), ya que para los medios no se concibe una sin la otra y la competencia es elevada.

La tecnología digital que avanza en la fotografía supone un antes y un después del mundo de la comunicación y la vida cotidiana a través de la imagen. Todo pasa a evolucionar hacia la posfotografía, y es que esta práctica ya está proliferada en todos los ámbitos de nuestra vida. Vivimos constantemente con dispositivos y aparatos capaces de crear imágenes al instante, y ya vivimos con ellas.

No contentos con esto, la rama científica también pone de su parte con la investigación avanzada que exploran a fondo los mecanismos de la imagen, con lo que todos avanzamos con ellos. Muchos descubrimientos actuales serían impensables años atrás, como el de pensar en la idea de monitorizar la actividad mental para extraer imágenes directas de ella.

El hecho de hacer del uso de la fotografía algo universal acaba emborronando la fina frontera que se distingue entre la fotografía cotidiana de la artística y crítica. Es entonces cuando se cuestiona el uso de la imagen según el sentido que toma. No solo es una manera de transmitir un mensaje, como podría ser el objetivo de cualquier imagen, sino que en el caso de las artísticas: éstas transmiten sentimientos. Es sutil e interesante el hecho de que la diferencia resida en la manera en la que la imagen impacte al público. Visiones naturales y reales que separan lo público de lo privado de cada autor con las que pueden hacer de esa imagen una obra de arte. Este entorno más personal acaba por terminar en la búsqueda de lo único, ya que todo lo demás ya está visto y ya está fotografiado, y se reduce pues a replicas sujetas a pequeñas variables. Por esa razón es recurrente en muchos casos el uso de imágenes ya creadas sin importar demasiado de donde vienen o quién las ha hecho, porque no es tan importante quién aprieta el botón de la cámara como el que hace que esa acción cobre sentido, llegando así a la pérdida de la autoría del ser que se limita al mero hecho de ejecutar. El saber de quién es el mérito de la imagen disputada entre el que ejecuta el dispositivo y el pensante de dicha acción al completo despertó un tiempo sus dudas. Y es entonces cuando me resulta sencillo relacionarlo con el mundo del cine, ya que nadie discute que el reconocimiento de un buen film se debe a su director y no a los asistentes de cámara, por ejemplo.

Internet nos presenta un escenario virtual enorme en el que se puede hacer y ser quien tú quieras, y simplemente a través de la imagen con la que te comunicas. Y es que con la imagen y la práctica de nuestra posfotografía cotidiana se emborrona la identidad intransferible que hasta el día de hoy se relaciona estrechamente con la imagen, la cual es fácilmente modificable. La práctica de nuestra fotografía cotidiana ya está tan extendida que la fotografía documental da paso a la nueva manera de entender y hacer fotografía. Tales redes sociales en internet como Instagram se basan en la imagen que surge de forma inesperada en la vida de cada persona para ser compartida con todos, y no es más que una promoción de la misma mencionada práctica de la nueva fotografía adoptada por todos, la dicha posfotografía.

Es constante el registro de imagen en nuestro planeta, satélites y diferentes dispositivos que graban 24 horas al día, como las cámaras de seguridad y las que hacen posible visionar cualquier parte del mundo cuando uno quiera. Todo esto desarrolla una especie de obsesión para los carroñeros de la imagen que necesitan tenerlo todo desvelado y bajo control. Es el voyerismo desde el cielo el caso de Google Earth a tiempo real, que desde cualquier punto del planeta puedes descubre lo que para ti es oculto. Otro tipo de obsesión que recientemente ha aumentado su presencia notablemente es la publicación de las llamadas ‘selfies’ o autofotos. Tiene una clave intención comunicativa que creo que no es más que manifestarse hacia los demás de manera propagandística y en la que, obviamente, la persona que se ha fotografiado sale favorecida. Siendo una máscara en forma de pose con resultado perfecto no es más que otra marea de afirmación a la posfotografía, como ya una práctica universal, accesible y usada por todos.

Daniel Vilaspasa Torres, Grupo: B4. NIUB: 16278393.

La postfotografía

Joan Fontcuberta es el ganador del Premio Internacional de Fotografía Hasselblad 2013, considerado el Premio Nobel de la Fotografía. El tránsito de la fotografía analógica, o fotoquímica, a la fotografía digital ha sido un tsunami, una auténtica revolución. Hoy en día se suben a internet millones de imágenes cada hora. Gastamos tanto tiempo en hacer fotos que no tenemos tiempo de mirarlas: el efecto de producir imágenes es hegemónico, supera al gesto de consumir imágenes. Esta situación nos revelará que los valores fundacionales de la fotografía, la verdad, la memoria, el archivo, empiezan a desvanecerse y empiezan a comparecer otros conceptos alrededor de los cuales pivoteará la fotografía digital. Por ejemplo, la fotografía más que manifestar el acontecimiento lo que desea es manifestar nuestra presencia en el acontecimiento. (Vía)

Apropiación de fotos en internet: entre la ética y la estética

Corinne Vionnet
Corinne Vionnet

La serie “Photo Opportunities”, de la fotógrafa suiza Corinne Vionnet, combina cientos de fotografías tomadas por turistas, y subidas a Internet, tomadas desde un mismo punto de vista, para crear una visión diferente y dinámica de conocidos monumentos. Nos hace recapacitar sobre la originalidad de las fotografías de recuerdo que hacemos como turistas: en la mayoría de sus collages, la imagen es sorprendentemente reconocible. Quizá el motivo de hacer la toma sea más el puro coleccionismo de momentos (“yo estuve aquí, y puedo demostrarlo“) que disfrutar de la fotografía como tal.

¿Hasta qué punto es ético o legal utilizar imágenes de terceros para crear una obra independiente? ¿Tuvo en cuenta el autor la licencia de las imágenes que usó? ¿Qué parte del mérito del resultado le corresponde a cada uno de los inesperados colaboradores?

Lukasz Michalak
Lukasz Michalak

Para estudiar el tema os vamos a presentar un proyecto muy similar, realizado por el fotógrafo Lukasz Michalak para el Instituto de la Juventud de la Junta de Castilla y León. Su aportación a la exposición “Jóvenes Fotógrafos de Castilla y León en los Hitos del Camino de Santiago”, organizada para la conmemoración del Año Santo Compostelano, se realizó en el Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes y Albergue Municipal de Peregrinos de Itero de la Vega, y estaba protagonizada respectivamente por el claustro del Monasterio y el Puente de Itero.

Lukasz realizó dos trabajos también superponiendo imágenes tomadas de Internet, imprimiéndolas posteriormente sobre un metacrilato transparente, para que pudieran ser vistas desde el mismo lugar donde fueron tomadas. La idea inicial era hacerlo junto con nueve imágenes tomadas por él in situ. Pese a que este último punto no pudo realizarse por motivos de presupuesto, en la galería de la parte inferior tenéis todas las imágenes, para que podáis disfrutarla tal y como fue ideada.

En ambos casos, las fotografías originales se utilizaron porque simplemente “estaban ahí”, disponibles para el público en Internet, pero no se notificó ni se pidió permiso a ninguno de sus autores. En todo caso, difícilmente esto les cree un problema a ninguno de los dos creadores, ya que la composición final hace prácticamente irreconocibles a cada una de las fotografías individuales.

Googlerama “Ozono y Hundimiento de Prestige”, de Joan Fontcuberta. Fotografía: Régine Debatty

Pienso en una de las muchas polémicas que han envuelto a Joan Fontcuberta, y en concreto a las que rodean a nuestra temática: el uso de imágenes encontradas en Internet sin autorización expresa de sus autores. En “Googlegramas”, el autor crea una serie de imágenes de gran formato, formadas a su vez por pequeñas capturas de los resultados que Google Images ofrece al buscar los conceptos que forman el elemento principal. El resultado son obras tan gráficas y perturbadoras como una representación del impacto que derribó a las Torres Gemelas, creado a partir de la búsqueda de “Alá” y “Yavé” (en distintos idiomas) en Google Images.

Si en este caso la imagen de Internet es un elemento más, en su más reciente obra “A través del espejo” toma completamente el protagonismo. El concepto de este trabajo gira en torno a lo que Fontcuberta a venido a llamar “reflectogramas”: autorretratos hechos utilizando superficies reflectantes, como los famosos avatares hechos en el espejo del baño que tanto triunfan en las redes sociales adolescentes.

Es en este trabajo donde estiramos al límite la polémica sobre los derechos: cada una de las 352 fotografías de su libro (o las más de 2000 que forman la obra completa) es una imagen presentada por el artista sin cambios, tal y como la subió a Internet un autor anónimo (si es que ese concepto es realmente aplicable).

Fontcuberta defiende la legalidad de su trabajo, y aboga por revisar la idea tradicional de autor. No voy a discutir aquí la ética de todo un Premio Nacional de Fotografía, pero su trabajo, junto con los de Vionnet y Michalak (…) son un ejemplo perfecto de los profundos cambios que La Red y la globalización están imponiendo al arte y a los derechos de imagen.

Vía: Usando fotos de internautas: entre la ética y la estética

Pixon

Instagram (…) sigue una política muy subjetiva y arbitraria a la hora de decidir lo que se puede mostrar y lo que no, y los usuarios se han visto obligados a buscar formas de sortear esta censura para poder publicar sus fotos más calentitas.

Si no se ve claramente el pezón, Instagram te dará el visto bueno y dejará que publiques la foto sin bloquear tu cuenta. De esta forma la red contribuye a la cosificación sexual de la mujer y nos hace cómplices a todos obligándonos a nuestra propia autocensura.

Son varías las ocasiones en las que Instagram ha cerrado este perfil, pero según el autor “basta con rellenar el formulario de reclamación diciendo que se trata de pezones masculinos para que en pocas horas la cuenta vuelva a estar activa”.

El proyecto Pixon sigue en curso y propone una reflexión continua sobre la censura del desnudo femenino en las redes sociales y la forma en la que la comunidad online responde ante ella. Puedes seguir el proyecto completo en el Tumblr de Pixon.

Vía: El proyecto Pixon se burla de la censura de Instagram | The Creators Project

Transecto: Lágrimas de sirena, 2016

Los microplásticos, también llamados «lágrimas de sirena», han invadido el agua de nuestros mares y, por consiguiente, la arena de nuestras playas. En 2004 se encontraron las primeras partículas en las aguas alrededor de Reino Unido. En 2006 fueron halladas en otras partes de Europa, de Sudamérica, de Oceanía y hasta en la Antártida. Según los científicos, hace una década existían más de 300.000 de estas partículas de plástico por cada kilómetro cuadrado de superficie marítima y, al menos, más de 100.000 por kilómetro cuadrado de playa.

Las «lágrimas» de sirena ya han entrado en la cadena alimenticia, como prueban los análisis realizados en el gusano de mar y la pulga de las algas. En el interior de los ejemplares de ambas especies se han encontrado partículas de plástico. Estos animales son la comida de otros más grandes, que a su vez alimentan a otros mayores, y que finalmente llega a los humanos. Los productos químicos que componen el plástico comienzan a pasar de esta manera a los animales y a las personas.

Esta producción artística denuncia lo que consideramos un desastre medioambiental. TRANSECTO pretende poner de relieve el problema de los plásticos en el mar eligiendo uno de sus síntomas: las «lágrimas de sirena». Para que la instalación abra paso a un diálogo entre la naturaleza y el arte salimos del estudio para dirigirnos al medio natural en busca de nuevos materiales. La premisa es que estén recogidos dentro del transecto sobre el que actuamos con una pequeña acción simbólica.

La intervención en el paisaje es mínima, sutil, inapreciable una vez retirados el agua, la arena y los microplásticos, manteniendo el compromiso de restablecer el equilibrio perdido, antes de la presencia de los microplásticos, haciendo del arte un medio para ensalzar lo natural como origen y reflejo de la vida. La huella ecológica también se minimiza al articular la obra sobre el concepto de reutilización; esta ha de ser siempre anterior al reciclaje, así que optamos por ella.

Aunque existen pocas pruebas que demuestren que los productos químicos de los plásticos están pasando a la naturaleza, y la industria subraya también que desde hace algunos años se están cambiando los ingredientes nocivos que contienen los plásticos, los científicos ya eran tajantes en 2006: existen «océanos» de «lágrimas de sirena» dispersos en la naturaleza y ya es muy tarde para hacer algo.

Los datos en 2016 ya no importan tanto como el hecho de que nuestras playas han sido invadidas, irremediablemente, por lágrimas de tristeza.

Ángel García Fernández
Transecto: lágrimas de sirena
2016

Instalación, medidas variables
Posidonia, agua de mar, arena de playa, vidrio y microplásticos

Vídeo
Color, sonido, 8’30’’

Roland Barthes

Cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado en imagen.

 

Roland Barthes (2009). La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía. Barcelona: Paidós