Ante diem

Cuando el sueño no llega hasta el inexistente rumor de la oscuridad exaspera nuestra cordura si es que ésta aún existe. De nada sirve contar ovejas cuando el pastor se despreocupó de ellas, se dispersaron en la llanura del olvido; de nada vale intentar alcanzar una calma que abandonó mi ser prematuramente, de nada sirve pensar que estás a mi lado cuando tu lugar en el colchón lo ocupa la ausencia.

Voltear a lo largo del ahora inconmensurable espacio de este lecho, deshojar mis pesadillas, penar por las palabras que pronuncié, sopesar las que ahora te escribiría si pudieras leerlas… las horas nocturnas se tornan eternas cuando no se comparten. Las horas diurnas hubieran anticipado un venturoso crepúsculo de no haber prevalecido la arrogancia de una razón petulante.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *