Alcé mi vista y mi espíritu alcanzó la cima de tu sonrisa, recorrí el sendero que tu piel marca hacia tus labios, surqué los mares que tus ojos abrieron y casi sentirlo ni querer poner remedio alguno, mi viaje acabó en tu corazón, el lugar donde cimienta nuestra raíz. Aquella que un día era solo simiente que manó de tu gracia y es ya presente gozoso porque junto a ti, hasta la tierra yerma se torna en paraje fértil donde el amor crece sin descanso.