Abrí la puerta, el aroma de tu piel llena aún cada estancia pero no consigue salvar la amargura de tu pérdida. Tomaste contigo nuestros anhelos y recuerdos, aquellos que un día fueron parte inseparable del aire que respirábamos. Busco un lugar donde mitigar la pena de ver tras una ventana caer tus lágrimas con la impotencia de saber que mi amor no bastaba para detenerlas.