A los que madrugan

© La Casa Giratoria

Cuando me levanté esta mañana pensé en volver a meterme en la cama y dormir al menos una hora más, lo que supondría llegar una hora tarde a mi destino inevitable de todos los días, y cuando estuve de acuerdo en seguir durmiendo, no sé cómo ni de qué manera, no pasó una hora sino cuatro, esto es, que perdí casi toda la mañana metido en la cama mentalizándome, para mis adentros, de que tenía un terrible dolor de cabeza.

Y aún más, una vez inmerso en semejante mentira, se me ocurrió seguir toda mi vida durmiendo debajo de las sábanas, soñando, olvidándome de todo.

Pero eso fue imposible y todas las elucubraciones se quedaron en vanos deseos sin sentido. Esta mañana me he levantado en cuando ha sonado el despertador, de un salto. Me vestí, me lavé la cara, desayuné y…, hay que ver cómo trabaja la imaginación a las siete y media.